Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado.
Hebreos 4:1
En mi primera publicación del blog hablé de un estudio a fondo que hice el semestre pasado sobre el libro de Hebreos. Hoy quisiera profundizar en una parte de ese estudio: Entrar en el reposo de Dios, tema que se encuentra en Hebreos 3-4.
Trasfondo
Algo que debemos entender sobre el libro de Hebreos es que fue escrito específicamente para cristianos judíos. Esto es importante porque el escritor de Hebreos da por sentado que sus lectores conocen bien el Antiguo Testamento. No se detiene a explicar mucho, así que nos toca a nosotros, como lectores, volver al Antiguo Testamento y hacer las conexiones. En la época en que se escribió Hebreos, los cristianos eran perseguidos, no por Roma ni por los gentiles, sino por los mismos judíos. Los judíos veían a los cristianos como seguidores de una religión falsa y no como seguidores del cumplimiento supremo del judaísmo: el Mesías (que es la palabra hebrea para Cristo y significa “Ungido”). Esta persecución no era física, sino social. Los judíos habían excluido a los cristianos de sus familias, de sus amistades e incluso de los mercados. Los cristianos judíos ya no podían vender sus productos porque los judíos incrédulos boicoteaban sus negocios. Solo les quedaban los no judíos y los cristianos para comprar y vender, y eso no era un porcentaje de la población lo bastante grande para que sus negocios sobrevivieran. Esto significaba que muchos cristianos apenas lograban salir adelante.
Esa es la situación en la que se escribió el libro de Hebreos. El autor escribe a estos cristianos que estaban pasando apuros, que habían perdido familia, amigos y bienes por seguir a Cristo. Habría sido muy fácil para los creyentes judíos renegar de Cristo y volver a su antigua vida cómoda, pero eso no era lo que Dios quería de ellos. En cambio, el libro de Hebreos les da un llamado mayor: mostrar fe y entrar en el reposo de Dios.
Pasaje principal: Hebreos 3-4
El libro comienza presentando de nuevo a Cristo a los creyentes judíos como Apóstol, Sumo Sacerdote, Salvador, el Hijo del Hombre, Rey, un Moisés mayor y muchas cosas más. (Buenos temas para otro día.) El autor le recuerda al creyente que Jesús fue y es fiel. Así como Moisés fue fiel en toda su casa, Jesús es el Hijo fiel que cuida la casa de Su Padre: el creyente. (Como nota aparte, la casa de Dios no es el edificio de la iglesia, es decir, el edificio que los creyentes usan para congregarse. Soy cauteloso al decir que un edificio es la casa o el templo de Dios, ya que Hechos 7:48 dice que “el Altísimo no habita en templos hechos de mano” Pero me estoy desviando del tema.) Lo importante es que Cristo es fiel con nosotros, y ese es el argumento principal de por qué debes entrar en Su reposo.
“Por lo cual, como dice el Espíritu Santo:”
Aquí el autor de Hebreos va a citar lo que dice el Espíritu Santo en el Salmo 95:7-11,
así que vayamos allá y leamos el texto original:
Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba, Como en el día de Masah en el desierto, Donde me tentaron vuestros padres, Me probaron, y vieron mis obras. Cuarenta años estuve disgustado con la nación, Y dije: Pueblo es que divaga de corazón, Y no han conocido mis caminos. Por tanto, juré en mi furor Que no entrarían en mi reposo.
Ahora veamos qué está diciendo el Salmo 95. Este pasaje se refiere a algo llamado “la provocación” (Meriba; la versión King James en inglés dice “the provocation”). La palabra hebrea para provocación significa simplemente “una discusión”; en otros lugares a menudo se traduce “contienda”. Luego se refiere a esta provocación como el “día de la tentación en el desierto”, lo que nos dice que el suceso ocurrió en algún momento durante el tiempo de Israel en el desierto. También dice que el pueblo de ese suceso vio las “obras” de Dios durante cuarenta años. Esto nos da la respuesta. Esta es la historia de lo que ocurrió en Cades-barnea, la primera vez que los israelitas debían entrar en la Tierra Prometida. Y eso se encuentra en Números 13-14.
Y anduvieron y vinieron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación de los hijos de Israel, en el desierto de Parán, en Cades, y dieron la información a ellos y a toda la congregación, y les mostraron el fruto de la tierra. Y les contaron, diciendo: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella. Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac. … raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos.
Números 13:26-28, 33b
¡Ah, es esta historia! Los doce espías. Ya sabes: “Doce hombres fueron a espiar Canaán, diez eran malos y dos eran buenos”. Sí, esa misma.
Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos. Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros.
Números 13:30-31
Así es, ahí está nuestra discusión: ¿Debemos confiar en Dios y entrar en la tierra, o no?
y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo?
Números 14:11
Y ahí está nuestra provocación. Así que sabemos con certeza que esta es la historia de la que hablan el Salmo 95 y Hebreos 3-4.
(Por falta de tiempo, no podemos cubrir todo lo que pasó en esta historia. Así que te animo a leer los pasajes completos por tu cuenta. Los pasajes usados en esta publicación están al final de la página.)
Entonces, el Salmo 95 nos recuerda que los israelitas no pudieron entrar en el reposo de Dios porque endurecieron su corazón y se negaron a creer que Dios haría lo que había dicho. La idea continúa…
Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.
Hebreos 3:12-13
El autor les dice a los cristianos que tengan cuidado. Les dice: «Escuchen, hermanos. Tengan cuidado. Asegúrense de no tener un corazón incrédulo. Tómense el tiempo de animarse unos a otros hoy, para que nadie sea engañado por las artimañas del pecado». La incredulidad quizá ni siquiera parezca un pecado al principio, pero lo es, porque la incredulidad es un rechazo de Dios. Cuando no le creemos a Dios, lo llamamos mentiroso y lo rechazamos como la Verdad. El versículo siguiente muestra el resultado de esta actitud.
Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio,
Hebreos 3:14
La palabra griega que aquí se traduce “participantes” significa ser un “compañero o socio”. También es la raíz de la palabra “comunión” en griego. Así vemos que, para tener verdaderamente esta relación, una comunión o sociedad con Cristo, necesitamos aferrarnos a nuestra fe en Dios. Cuando perdemos esa fe en Dios, nuestra comunión con Él se rompe y se nos impide entrar en Su reposo. Hebreos 3:19 lo confirma cuando dice:
Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad.
Los israelitas no pudieron entrar en la Tierra Prometida porque no tuvieron fe en Dios. Nosotros, como cristianos, no podemos entrar en el reposo de Dios si no tenemos fe en Dios. Recuerda: el Dios del Antiguo Testamento es el Dios del Nuevo Testamento. Él nunca cambia; ¡no lo olvides, hermano en Cristo! Uno de mis profesores en la universidad me advirtió que, al presentar este tema, dejara claro que Dios no nos castiga por no entrar en Su reposo. Así que lo hago aquí: Dios no te castiga por no entrar en Su reposo. Tú te castigas a ti mismo al rechazar el regalo del reposo de Dios. Así como un incrédulo puede rechazar el regalo de la salvación, un creyente puede rechazar el regalo del reposo y elegir vivir su vida por su cuenta, sin depender de Dios.
Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron.
Hebreos 4:1-2
¡Debemos temer apartarnos de la fe y rechazar el reposo de Dios! Dios nos prometió que podemos entrar en Su reposo si creemos en Él. ¿No sería una lástima que a los incrédulos les pareciera que no somos salvos porque no hemos entrado en el reposo de Dios? El Evangelio fue predicado tanto a los que creyeron como a los que no. La única diferencia fue la fe. Cuando quitamos esa fe de nuestra vida, se vuelve difícil distinguir entre los que son salvos y los que no lo son. Saltemos al versículo 8:
Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día.
Hebreos 4:8
Este versículo puede resultar confuso para quien lee la Biblia en inglés, porque la versión King James, traducida del griego, dice “Jesús” aquí. Pero no se trata de Jesucristo. Es otro “Jesús”, uno que tiene un libro de la Biblia con su nombre. Este “Jesús” es Josué, del libro de Josué, como nuestra versión ya lo deja claro. Lo explicaré mejor más adelante.
Volvamos a Números. Los israelitas se negaron a entrar en la tierra y anduvieron errantes por el desierto durante cuarenta años. Pasados esos cuarenta años, Moisés murió y Josué tomó el liderazgo. Y, como Dios lo había prometido, Josué condujo a los israelitas al reposo de la Tierra Prometida. Así que, al leer el versículo con Josué, lo entendemos mejor: aunque Josué les dio a los israelitas el reposo de la Tierra Prometida, Dios todavía habló de un reposo futuro. Un reposo que se encuentra en Cristo y que Israel aún no tenía.
Entonces, ¿por qué algunas traducciones dicen “Jesús” y otras “Josué”? Porque es el mismo nombre. Josué en hebreo es Yehoshu’a, que resulta ser el mismo nombre hebreo que tenía Jesús. Y Yehoshu’a en griego es Iēsous, que en español se pronuncia «Jesús». Sí, es confuso, y sí, “Jesús” en este versículo sigue siendo una traducción correcta aunque resulte confusa. Aclarado esto, continuemos.
Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas. Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia.
Hebreos 4:9-11
Este reposo que Josué no tuvo está disponible para el pueblo de Dios. Nos permite reposar de nuestras propias obras. Ya no tenemos que cargar con los pesos de esta vida. Tenemos el privilegio de entregárselos a Cristo para aligerar nuestra carga. Puede parecer extraño que el versículo diga «Procuremos» (en inglés de la KJV, «Let us labour», es decir, «Esforcémonos»). Te aseguro que no está diciendo «trabajemos para reposar». En griego la palabra es spoudazō, que significa «esforzarse, ser diligente o estudiar». Está diciendo que debemos buscar con diligencia este reposo de Dios. Nos advierte que, si no lo hacemos, caeremos en el mismo ejemplo de incredulidad que los israelitas y perderemos nuestro testimonio como cristianos. Bien, necesitamos ser diligentes para entrar en este reposo, pero ¿cómo nos examinamos a nosotros mismos? El versículo siguiente nos lo dice:
Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
Hebreos 4:12
Las Escrituras nos muestran las verdaderas intenciones del corazón. Cuando lees la Biblia, la Biblia te lee a ti. Revela nuestras deficiencias, nuestra falta de fe y las áreas de nuestra vida en las que necesitamos crecer en Cristo. Es poderosa: examina nuestro corazón y revela lo que realmente hay en él, redarguye nuestra alma y nos ayuda a alinear de nuevo nuestro espíritu con el Espíritu de Dios para que podamos entrar en Su reposo.
La aplicación
Este mundo puede echarnos carga tras carga. Nunca fuimos creados para llevar esas cargas. No formaban parte de la creación original; son el resultado de la caída del hombre en el pecado. Tal vez estés pasando por un tiempo emocionalmente difícil. Tal vez luches con la ansiedad. Tal vez simplemente estés estresado por una gran carga de trabajo que se te ha puesto encima. Tal vez estés luchando con un pecado del que no logras librarte. Amigo mío, entra en el reposo de Dios. “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” (Romanos 8:28) Dios quiere hacer que todo obre para bien de los que lo aman. Él ha preparado el regalo del reposo para todos los que estén dispuestos a recibirlo. Si estás luchando con una carga y no se la has entregado a Dios, te animo a apartarte a solas con Dios en oración y dejar que Él se encargue. Pídele a Dios que perdone tu incredulidad en Su capacidad de manejar tu situación, pídele que te devuelva el regalo de Su reposo perfecto y pídele que te ayude a tener fe sin importar la situación en la que estés. Si haces esto y confías de verdad en el reposo de Dios, podrás recostar tu cabeza en la almohada por la noche sabiendo que, al final, todo obrará para bien.
Lectura bíblica:
- Números 13:1 – 14:45
- Salmo 95
- Hebreos 3:4 – 4:12


